Tal como mi madre me espera que
llegue al menos cada navidad a casa, así de ansioso me pongo cuando espero que
llegue o vuelvan quienes yo amo o me aman. Me refiero a esas personas
que de modo continuado dan sentido y
alegría a mis horas, a pesar del ajetreo y dificultades de la vida.
Cuando en estos días de diciembre y Adviento recuerdo las letras del canto “Ven, ven Señor no tardes” o las palabras del Apocalipsis que dicen ¡Ven, Señor Jesús! (Ap 22, 22) ese mismo sentir de mi madre y de mis amistades se transfiguran en el Señor, en quien yo creo.
Supongo además que, tarde o temprano cuando él pose su mirada en mí y me asuma para sí, entonces ese anhelo habrá acabado; pues se cumplirán aquellas palabras de San Pablo cuando dice:
Aquí vienen a colación las palabras del filósofo Sören Kierkegaard al decir:
Confieso que el amor es lo que sostiene mis alegrías. Hasta que llegue el día de mi arrebato definitivo (Mt 25).
Mientras tanto, experimento el amor divino en la amistad de tantas personas que me ayudan a ser bueno y bello, a ser hombre de esperanza.
Cuando en estos días de diciembre y Adviento recuerdo las letras del canto “Ven, ven Señor no tardes” o las palabras del Apocalipsis que dicen ¡Ven, Señor Jesús! (Ap 22, 22) ese mismo sentir de mi madre y de mis amistades se transfiguran en el Señor, en quien yo creo.
Supongo además que, tarde o temprano cuando él pose su mirada en mí y me asuma para sí, entonces ese anhelo habrá acabado; pues se cumplirán aquellas palabras de San Pablo cuando dice:
“Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido” (1Cor 13, 12).Esa sensación “natural” ha de ser porque busco mi-ser-semejante, y no es casualidad que la mejor figura e imagen sea la del creador.
Aquí vienen a colación las palabras del filósofo Sören Kierkegaard al decir:
“Lo igual solo se conoce por lo igual; solamente quien permanece en el amor puede conocer el amor, y además el amor puede ser conocido”.Jesús dijo:
Permanezcan en mi amor.Eso, simplemente, eso, es lo que pretendo. Ahí está fundada mi esperanza.
Confieso que el amor es lo que sostiene mis alegrías. Hasta que llegue el día de mi arrebato definitivo (Mt 25).
Mientras tanto, experimento el amor divino en la amistad de tantas personas que me ayudan a ser bueno y bello, a ser hombre de esperanza.
Por: Gvillermo Delgado OP
Fotos: prestadas
Fotos: prestadas
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