UNA CHISPA DE GLORIA
Por Gvillermo Delgado OP
Si nos colocamos debajo el cielo estrellado, sentiremos lo
grandioso del firmamento y nuestra pequeñez sobre la tierra.
Surge la poesía y la oración de alabanza de nuestros labios. Y el
reconocimiento de quién es Dios y qué es lo humano.
Entonces hablamos de sabiduría.
Es de sabios saber vivir. La sabiduría no es un producto que adquirimos al gusto. La sabiduría es un regalo que Otro decide darnos, según su parecer.
Cuando ese parecer viene de Dios, lo que recibimos son capacidades
extraordinarias. Porque nos dio su sabiduría. Nos hizo un poquito inferiores
a él (Salmo 8). Desde entonces, como seres divinizados, existe en nosotros una
chispa de gloria.
Hemos oído decir que la sabiduría estaba con Dios al crear la
vida y todas las cosas. Y que esa misma sabiduría se nos dio a nosotros, para que,
como él, también tengamos capacidades propias, por ejemplo, para crear. Sólo
desde ahí vemos al científico, al constructor, al filósofo y al poeta.
Él nos dio el mando sobre las obras de sus manos y todo lo puso
bajo nuestros pies. Con el fin de perfeccionar su misma obra.
Haciendo uso de las manos y nuestros pensamientos, surcamos el
cielo con aviones, transformamos las piedras en inmensas murallas, el agua en luz; producimos dulces frutos de la tierra; entre las
personas construimos la amistad y hacemos posible todo lo imaginable.
Colocados entre el cielo y la tierra, creamos, producimos, y nos perfeccionamos en lo que hacemos.
Esa es la chispa de gloria que llevamos
impresa en el alma.
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