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TODO LO QUE TENGO

 



Esto es todo lo que tengo

 

Por: Gvillermo Delgado OP

 

La expresión “Más o menos”, dicho por uno mismo, es señal de que estamos moldeados en la ambigüedad desde adentro. Esa ambigüedad anclada en lo profundo del cerebro nos mueve a lo incierto, a la incertidumbre, a la indecisión y al miedo.


Al comportarnos, al actuar, evidenciamos la realidad de lo que somos. El cuerpo habla de lo que hay en la profundidad de la mente. Cuando una persona posa delante de otra, se expone a ser identificada; en consecuencia, a ser definida como lo que ella es. Sin equivocaciones. El cuerpo nos evidencia tal cual somos.


Cada uno es conforme a lo que es suyo, no sólo conforme a lo que debiera tener.


Lo que a cada uno le pertenece está cimentado en lo invisible de su propia alma, que sólo se expresa en el cuerpo, el comportamiento, los pensamientos, las palabras y en los sueños nocturnos y diurnos. En cambio, el “deber ser” recae en el ideal ético y en la esperanza de mayores realizaciones. Cada uno es conforme a lo que ahora mismo le acontece.


A menudo en lo que acontece, ahora mismo, se espera, “se sueña”, y ayuda a construir un futuro. En tal caso el deber ser está dinamizando el momento presente. Con lo cual aquel presente ya es de la persona que lo sueña. La persona es sueño futuro. La persona es un ser soñado.


La belleza depende de lo que la persona haya concebido para sí misma y en consecuencia lo que le mueve a actuar. Si la belleza tuviera que ver con las cosas que vemos en la simple mirada, no habría ambigüedad ni incertidumbre. La vida sería más fácil vivirla; pero seríamos más parecidos a los animales irracionales. Por ejemplo, “tener cosas” y definirnos desde ahí sería arrojarnos en el limbo de la perdición; porque no tendríamos esperanza, no tendríamos nada, sólo seriamos seres necesitados.


Más bien, somos de acuerdo con lo que tenemos íntimamente guardado en la memoria del alma. Porque ahí está todo nuestro tesoro. Ahí está la ternura con que nuestros padres nos amaron. Ahí están las experiencias validadas tantas veces. Ahí está todo lo que hemos sido, lo que somos y soñamos ser. Ahí está lo que ahora somos: en la realización de nuestros sueños, la belleza que emerge de la profundidad del alma, o en la ambigüedad de la incertidumbre.


Todo lo que tengo está visible en la certidumbre de la fe, la esperanza que me sostiene y en la fuerza del amor que me mueve a mayores realizaciones.  

viernes, 24 de abril de 2026

NACIDO DE LO ALTO

 


Nacido de lo alto


 Por: Gvillermo Delgado OP


A veces pienso que mis palabras no son debidamente comprendidas. Eso tiene que ver con el modo habitual de ordenar las ideas cuando hablo. De como veo el mundo. En términos gráficos tiendo a ver de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba. Dependiendo de la situación que al escribir o hablar mi alma se inunde.


Una mirada de arriba es de más allá de la copa de un ciprés. Una mirada desde abajo es del más acá de la tierra fértil o de lo interior humano.


Jesús invitó a Nicodemo a nacer de lo alto. Quiso decirle que es posible nacer de lo estrictamente celestial y seguir siendo humano. De otro modo, cualquier persona para existir requiere de tal nacimiento. O será sólo un errante en busca de una dirección.


Nacer de lo alto para mirar desde lo alto, es permitir que lo “inmenso” y lejano se apropie de nuestra mirada: con horizonte amplio, abierto y orientador.


En cambio, mirar de abajo hacia arriba es “mirar con el corazón” (digamos que es lo estrictamente humano). Al mirar de abajo, el horizonte es más estrecho, casi siempre apunta a aquello que puede ser alcanzado. Entonces se adoptan expresiones como la realización que contraen las relaciones humanas, el trabajo, el hacerse de las cosas para anclar lo humano en el espacio y en el tiempo en que envejecemos y morimos.


¿Qué hay con el anclaje terrenal de la realización humana? Ahí nos hacemos para la tierra y del agua. Vivimos para satisfacer la sed y el hambre. Es aceptar la limitación que la fecundad de la tierra contrae.


En cambio, nacer de lo alto es dilatar en los propios ojos el firmamento que se abre en el mirar. Es permitir que la actuación de lo estrictamente divino anime la débil humanidad. En consecuencia, es gozar del privilegio de ser asistidos, protegidos y orientados por el Espíritu Divino. Es la certeza de que los ángeles nos asisten en cada jornada: de día y de noche.


Quien ha nacido de lo alto y renuncia al cielo, aferrándose a la realización que la tierra le ofrece, experimentará en la propia carne la desprotección del cielo. Abandonado en la miseria conocerá la corrupción de la muerte.


Quien ha nacido de la tierra y mira hacia lo alto se descubrirá cada vez en aquella dirección cuyo horizonte abierto le orientará hasta el final de sus días, cuando finalmente traspase o entre a ese horizonte que siempre le orientó mientras caminaba en la tierra. Porque en realidad ha nacido de lo alto. Eso creo que soy yo. Ahí está puesta mi mirada.


Espero que finalmente me haya dada a entender. Que mis palabras sean debidamente comprendidas.

miércoles, 22 de abril de 2026

El arte de cuidarse

 

 

Fotos: Dina Pereira

El arte de cuidarse


Por Guillermo Delgado OP


Para amar en el prójimo lo que en ellos hay de eterno, hay que amarse uno mismo. A partir de unas condiciones previas.


Una clave está en el cristianismo puro. Para amar esa “eternidad” que está en el otro, hay que reconocer esa eternidad en uno mismo. Tesoro no siempre visible. Como todo tesoro, este sólo se manifiesta cuando su presencia oculta se simboliza en aquello que cada uno busca amar, como luz radiante y horizonte que le guía a la vida perfecta. Orientados así hacia lo eterno, de lo eterno emergen las convicciones profundas centradas en el cuido de sí mismo. Así: cuidar la salud física, haciendo ejercicios, por ejemplo; cuidar la salud mental, retirarse de personas ruidosas, evitando lo obvio; cuidar el tiempo y vivirlo, habitar el espacio de modo ordenado; cuidar la vida espiritual puestos en relación con lo creado: Dios en todo.

Otra clave está en identificar al prójimo. Estas son las personas que de ordinario está en nuestra vida. No son las personas que aparecen de modo fortuito. Quizá en algunos casos podrían ser, pero sólo de modo extraordinario. Más bien, el prójimo es de quien “nos hacemos cargo”, por ser el punto de llegada de todo amor. Es el “encargarse de ellos”. Por lo mismo es la carga ligera de la que habla Jesús cuando invita a que nos aproximemos a él. El prójimo es la cruz que abrazamos. Esa cruz sostenida por el pilar principal del amor, que extiende sus manos para acoger todo horizonte infinito. Es la mirada alzada por encima de todo lo visible e invisible para extender la ternura más allá de sí mismos. El prójimo es el ahí del amor. A quien puedo amor "desde mi amor de propio" (el sí mismo del amor).

Por último, entendernos como creados. Decimos que somos “criaturas” y como tales, no nos debemos a nosotros mismos, sino a un creador: Aquel que nos creó, nos hizo según “su modo”. Nos hizo a su gusto. Con lo cual participamos de su condición y diseño. Por eso hacemos cosas como si fuéramos "dioses" (con minúscula). Interpretamos las leyes de la vida, y nos guiamos por ellas. Amamos. Cuidamos. En consecuencia, somos criaturas habitantes de un mundo que conecta con otro mayor, dinamizado por un creador y formador. El eterno.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Ancianidad

 


Ancianidad

 


Por: Gvillermo Delgado OP

 


No sabemos lo que somos si no sabemos lo que seremos (Simone de Beauvoir). ¿Qué ecos muestran esas palabras?


Mirar a otra dirección, no a la dirección por donde probablemente caminaremos, es una visión distorsionada del mundo presente. Al decir: -Sólo importa el ahora.


Ese “ahora” asumiendo el tiempo de modo despreocupado, como si cada instante fuera lo eterno (no necesariamente espiritual), negando, así, la realidad golpeante de la que somos parte. Y a la vez, viviendo, como si fuéramos dueños y señores del tiempo. Pero ¡No! Lo real va en otra dirección. Va hacia donde, queramos o no, debemos mirar.


Si la fe nos da razones para saber sobrellevar las cuestiones fundamentales que nos aquejan, ¡enhorabuena! Si la esperanza acciona nuestras tareas cotidianas, ¡dichosos! Pero, esas verdades esenciales, no nos eximen de la responsabilidad más sublime, que es conocer lo que ahora somos en función de lo que un día seremos: ancianos.


Con la ancianidad, los colores rosas del amor tienden a ser tan diversos como los demanda la conjugación del verbo cuidar: yo me cuido, yo te cuido, nosotros nos cuidamos. Porque en la ancianidad, las preocupaciones, de cada instante, con las que encaramos y resolvemos lo complejo del mundo, suelen surgir del interior, del alma.


¿Qué podemos decirles a los de nuestra generación cuando se nos han perdido de vista? Si con la ancianidad los sentidos menguan como la luna es porque se adelantan poco a poco a ningún futuro (porque desaparece esa idea de futuro que aprendimos con la niñez), sino a aquel lugar seguro que llamamos y comprendemos desde la fe y la esperanza. Que es la “continuidad” de la vida en un lugar y estado donde “ya” nos esperan.


La ancianidad define la soledad como “prójimo”, en tanto oír menos, sentir menos, andad despacio. Sin otra prisa que la del viento que mueve a las nubes en lo alto del cielo y la de los segundos que marca la edad que ahora nos asume. La soledad, como estar consigo, es contemplar la espera pacientemente de cualquier final.

jueves, 27 de noviembre de 2025

JUVENTUD

 


Juventud

 

Por: Guillermo Delgado OP


La juventud es un estado de perfección en lucha. La embestida por conquistar para siempre la libertad que se desata en la rebeldía de los enamorados y en el canto simple de lo cotidiano. Es la revolución que se evalúa al contabilizar las frustraciones y las conquistas sólo con el paso de los años.


La juventud es un estado temporal que dura toda la vida. Cuando no se tiene se avanza hacia ella, cuando se tiene migra hacia las utopías y cuando se pierde de ella se vive.


La juventud es el bien precioso necesario para idear y construir todo lo posible. La evolución observable del universo.


Es expresión de la belleza. Frescura de la memoria que perdura. Inscrita en el rito y las palabras de las oraciones nocturnas de la muerte y la luz.


La juventud es la “posibilidad de toda posibilidad” para ser y llegar a ser todo lo que en ella ya acontece.


lunes, 22 de septiembre de 2025

La muerte en crecida

 


La muerte en crecida


 La libertad es la orientación de la vida para “el después de la vida”.


Por: Gvillermo Delgado OP

 

En algún lugar de nuestra alma se anida la muerte en crecida. Muchos prefieren no entender para no reconocer lo evidente, aun sabiendo que eso no inhibe el progreso hacia ese punto cero del reloj.


Lo razonable de la realidad, que la vida impone, consiste en una sola: ejercer el derecho a la libertad.


Ejercer el derecho a la libertad es construir ideales que traspasen los límites de la vida. Ya que vivir como mortales obliga a determinar cada instante con la prisa de que el tiempo se nos va sin apenas pedir permiso.


Si fuéramos inmortales no necesitaríamos la libertad. No existiría la prisa por vivir. La libertad es el diseño de un camino cuya estación final es el sueño hacia donde toda alma se orienta.


Sin embargo, vivir la libertad con prisa es correr el riesgo de salirnos de la dirección en cuyo camino la libertad nos puso al nacer. Y en lugar de una libertad que encamine a los ideales, minemos cada espacio, que nos sostiene, en terrenos de desorden.


Si el riesgo de la libertad es hacer de la vida un desorden (desorden que sólo aleccionará después de grandes pérdidas): ¿Para qué sirvió esa libertad?


La libertad es la orientación de la vida para “el después de la vida”. Lo cual hace bello el “instante del ahora mismo”, pues, es como un adelanto de lo que un día seremos.


La libertad es disfrutar el paisaje del camino, hacer de la felicidad un modo de vida; aunque una muerte impostergable se anide en el alma.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

LA VERDAD






 BUSCADORES DE LA VERDAD


Partimos de la duda, de la oscuridad, para llegar a la luz. 



Por: Gvillermo Delgado OP


Para los buscadores y esforzados siempre habrá grandes compensaciones. Gandhi decía que, nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo… un esfuerzo total es una victoria completa.

Quien busca descifrar los misterios de la vida espera pacientemente la llegada de la luz del entendimiento. La chispa por pequeña y efímera no será perceptible para quien se aparte de la oscuridad. No olvidemos, nunca, que, al aparecer la chispa, se sobrepondrá al abismo oscuro de la ignorancia.

Cuando las dudas mueven a las búsquedas lo más probable es que encontremos sorpresas, más allá de lo que inicialmente buscábamos. Eso es “madrugar a buscar la sabiduría”. Terminando por hallarla, contemplarla y amarla.

Todo conocimiento humano, si es honesto, termina por descubrir la verdad.




La verdad es poner al descubierto aquellas realidades que no están a la vista (que no por eso no existen). Descubrir la verdad es la tarea de quien la busca (que podría ser el científico). Para luego, exponerla con todo su esplendor, a quienes la ignoran. Exponerla para que brille desde el secreto en que la resguarda la naturaleza y las honduras de la conciencia.

Quienes buscamos la verdad, ponemos al descubierto los secretos de las leyes de la vida. Al mismo tiempo, ponemos al descubierto al creador de todas las cosas “visibles e invisibles”: Quien lo hizo todo y les otorgó las posibilidades de su desarrollo y perfeccionamiento.

Conocer la verdad de la naturaleza es conocer a Dios. En tal caso, toda ciencia es servidora de Dios. Gandhi, también decía: puedo ver a Dios si me consagro a la humanidad.

Por eso los científicos somos al mismo tiempo: antropólogos, médicos, juristas, físicos, ingenieros filósofos y teólogos. Definimos nuestros oficios, y les damos una identidad, le ponemos nombre a todo; así, en las cosas, reconocemos la grandeza de Dios. Sólo así sabemos realmente qué es lo humano y quien es Dios.




Lo nuestro no son ocurrencias vanas, infundadas, sino el fruto de la búsqueda de la verdad.

Partimos de la duda, de la oscuridad, para llegar a la luz. Ese es el punto en que ahora nos encontramos. Como personas iluminadas e iluminadoras.




Quienes buscamos y hallamos la verdad definimos para siempre muestro comportamiento y trabajo.

A eso refiere el escritor sagrado acerca de la sabiduría cuando dice: Fácilmente la contemplan los que la aman y la encuentran los que la buscan (Sabiduría 6,12).



En consecuencia, quien busca la sabiduría (o la verdad) termina por hallarla. Como quien busca el bien, no sólo lo hallará, sino que lo habitará.

Cuando un hombre descubre la verdad que buscaba y se ilumina por ella para ejercer sus tareas, vivir su vida moral y espiritual: ¿Qué más se le puede pedir?


miércoles, 18 de junio de 2025

El TRABAJO

 





El valor del trabajo



Por: Gvillermo Delgado OP


Nadie debe vivir para trabajar solamente. El trabajo dignifica, en su defecto esclaviza.


El trabajo dará múltiples satisfacciones, siempre. Si no las da, pregúntate: ¿Por qué?


Una probable respuesta a esa pregunta consiste en que te has fiado sólo de tus capacidades intelectuales y habilidades adquiridas. Si eso fuera verdad:

¿No crees que has dejado de lado a Dios, cuando en realidad él es el fin último de todas las búsquedas, que en cierto modo se esclarecen con el trabajo?




Dejando a Dios fuera de todo quehacer, sin quererlo excluyes a las personas que dices amar; para dar satisfacción de modo exclusivo a tus "necesidades"  personales. Tal cosa puede ser peligrosa, pues estarías atentando contra ti mismo.


Con lo cual: ¿En qué te diferencias de quien trama el mal para satisfacer "necesidades"?


Ni siquiera las aves del campo atentan al orden natural de las cosas, pues al cantar atraen a las otras aves, al tiempo que embellecen el campo y dan sosiego a nuestras almas.


A eso refiere Jesús cuando dice: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga (Mt 16, 24).


De tal modo que tu vida sea una ofrenda permanente, agradable a Dios, a las personas que amas y a la sociedad que sirves.




Bajo este criterio, el trabajo jamás será maldición ni esclavitud sino la bendición necesaria para que vivir una vida digna.


¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? (Ibid, 26).



martes, 10 de junio de 2025