Viendo "Posts antiguos"

MI DIGNIDAD

 

 


Mi Dignidad

 

Por: Gvillermo Delgado OP

 

La “condición natural de la persona humana” explica nuestro pasado remoto, la profundidad de lo que el alma contiene y “la materia” de lo que está hecha.


Estamos de acuerdo con que somos “homo sapiens” (humanos inteligentes) y que eso, satisface, en parte, la curiosidad acerca de nuestros orígenes. Ya que, no somos un invento de ayer, venimos de largos y perdidos caminos por donde hemos avanzado por miles y miles de años. Hemos gastado millones y millones de segundos en oscuras noches y brillantes amaneceres. Para asomarnos un día, con una imagen divina, que ahora nos define. Con orgullo afirmamos que “somos” personas que ríen, lloran y sueñan con seguir avanzando y dejando huellas mirando hacia adelante.


Conscientes de todo eso, como resucitados, resurgimos en cada paso, desde la nada a ser alguien. Lo hacemos sin a veces saberlo, dada la profundidad de la dignidad: por tener una imagen semejante a un Dios que nos formó de acuerdo con su propio modelo.


Esa es la materia moldeable con la que redefinimos continuamente “la condición humana” delante de los demás. Dialogamos con quienes se descubren felices al lado nuestro, al modo del mismo Dios que quiso de cada uno, al crearle, tener a alguien con quien hablar y a quien amar.


Como humanos sabios, que somos, miramos erguidos con la frente en alto. No por encima de nadie, sino desde una misma altura. De lo contrario es imposible la comprensión de la semejanza de nuestro diseño. Con lo cual, hemos dicho que la irracionalidad y el sin-sentido ya no es una opción, porque hemos hecho valer una dignidad reconocida por unos y otros como fruto de un largo, largo, camino.


Con justicia la Iglesia del Señor, quiso modelar la dignidad del trabajo en un humilde carpintero. Para que no tendamos a la derrota moral quiso regalarnos la ternura de la siempre-virgen, Madre de su hijo. Y para que no nos perdamos en la dirección del camino frente a un gran horizonte que se nos presenta delante de sí, quiso dejarnos muchos ángeles para trillar todo obstáculo.

viernes, 1 de mayo de 2026

TODO LO QUE TENGO

 



Esto es todo lo que tengo

 

Por: Gvillermo Delgado OP

 

La expresión “Más o menos”, dicho por uno mismo, es señal de que estamos moldeados en la ambigüedad desde adentro. Esa ambigüedad anclada en lo profundo del cerebro nos mueve a lo incierto, a la incertidumbre, a la indecisión y al miedo.


Al comportarnos, al actuar, evidenciamos la realidad de lo que somos. El cuerpo habla de lo que hay en la profundidad de la mente. Cuando una persona posa delante de otra, se expone a ser identificada; en consecuencia, a ser definida como lo que ella es. Sin equivocaciones. El cuerpo nos evidencia tal cual somos.


Cada uno es conforme a lo que es suyo, no sólo conforme a lo que debiera tener.


Lo que a cada uno le pertenece está cimentado en lo invisible de su propia alma, que sólo se expresa en el cuerpo, el comportamiento, los pensamientos, las palabras y en los sueños nocturnos y diurnos. En cambio, el “deber ser” recae en el ideal ético y en la esperanza de mayores realizaciones. Cada uno es conforme a lo que ahora mismo le acontece.


A menudo en lo que acontece, ahora mismo, se espera, “se sueña”, y ayuda a construir un futuro. En tal caso el deber ser está dinamizando el momento presente. Con lo cual aquel presente ya es de la persona que lo sueña. La persona es sueño futuro. La persona es un ser soñado.


La belleza depende de lo que la persona haya concebido para sí misma y en consecuencia lo que le mueve a actuar. Si la belleza tuviera que ver con las cosas que vemos en la simple mirada, no habría ambigüedad ni incertidumbre. La vida sería más fácil vivirla; pero seríamos más parecidos a los animales irracionales. Por ejemplo, “tener cosas” y definirnos desde ahí sería arrojarnos en el limbo de la perdición; porque no tendríamos esperanza, no tendríamos nada, sólo seriamos seres necesitados.


Más bien, somos de acuerdo con lo que tenemos íntimamente guardado en la memoria del alma. Porque ahí está todo nuestro tesoro. Ahí está la ternura con que nuestros padres nos amaron. Ahí están las experiencias validadas tantas veces. Ahí está todo lo que hemos sido, lo que somos y soñamos ser. Ahí está lo que ahora somos: en la realización de nuestros sueños, la belleza que emerge de la profundidad del alma, o en la ambigüedad de la incertidumbre.


Todo lo que tengo está visible en la certidumbre de la fe, la esperanza que me sostiene y en la fuerza del amor que me mueve a mayores realizaciones.  

viernes, 24 de abril de 2026

NACIDO DE LO ALTO

 


Nacido de lo alto


 Por: Gvillermo Delgado OP


A veces pienso que mis palabras no son debidamente comprendidas. Eso tiene que ver con el modo habitual de ordenar las ideas cuando hablo. De como veo el mundo. En términos gráficos tiendo a ver de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba. Dependiendo de la situación que al escribir o hablar mi alma se inunde.


Una mirada de arriba es de más allá de la copa de un ciprés. Una mirada desde abajo es del más acá de la tierra fértil o de lo interior humano.


Jesús invitó a Nicodemo a nacer de lo alto. Quiso decirle que es posible nacer de lo estrictamente celestial y seguir siendo humano. De otro modo, cualquier persona para existir requiere de tal nacimiento. O será sólo un errante en busca de una dirección.


Nacer de lo alto para mirar desde lo alto, es permitir que lo “inmenso” y lejano se apropie de nuestra mirada: con horizonte amplio, abierto y orientador.


En cambio, mirar de abajo hacia arriba es “mirar con el corazón” (digamos que es lo estrictamente humano). Al mirar de abajo, el horizonte es más estrecho, casi siempre apunta a aquello que puede ser alcanzado. Entonces se adoptan expresiones como la realización que contraen las relaciones humanas, el trabajo, el hacerse de las cosas para anclar lo humano en el espacio y en el tiempo en que envejecemos y morimos.


¿Qué hay con el anclaje terrenal de la realización humana? Ahí nos hacemos para la tierra y del agua. Vivimos para satisfacer la sed y el hambre. Es aceptar la limitación que la fecundad de la tierra contrae.


En cambio, nacer de lo alto es dilatar en los propios ojos el firmamento que se abre en el mirar. Es permitir que la actuación de lo estrictamente divino anime la débil humanidad. En consecuencia, es gozar del privilegio de ser asistidos, protegidos y orientados por el Espíritu Divino. Es la certeza de que los ángeles nos asisten en cada jornada: de día y de noche.


Quien ha nacido de lo alto y renuncia al cielo, aferrándose a la realización que la tierra le ofrece, experimentará en la propia carne la desprotección del cielo. Abandonado en la miseria conocerá la corrupción de la muerte.


Quien ha nacido de la tierra y mira hacia lo alto se descubrirá cada vez en aquella dirección cuyo horizonte abierto le orientará hasta el final de sus días, cuando finalmente traspase o entre a ese horizonte que siempre le orientó mientras caminaba en la tierra. Porque en realidad ha nacido de lo alto. Eso creo que soy yo. Ahí está puesta mi mirada.


Espero que finalmente me haya dada a entender. Que mis palabras sean debidamente comprendidas.

miércoles, 22 de abril de 2026

El arte de cuidarse

 

 

Fotos: Dina Pereira

El arte de cuidarse


Por Guillermo Delgado OP


Para amar en el prójimo lo que en ellos hay de eterno, hay que amarse uno mismo. A partir de unas condiciones previas.


Una clave está en el cristianismo puro. Para amar esa “eternidad” que está en el otro, hay que reconocer esa eternidad en uno mismo. Tesoro no siempre visible. Como todo tesoro, este sólo se manifiesta cuando su presencia oculta se simboliza en aquello que cada uno busca amar, como luz radiante y horizonte que le guía a la vida perfecta. Orientados así hacia lo eterno, de lo eterno emergen las convicciones profundas centradas en el cuido de sí mismo. Así: cuidar la salud física, haciendo ejercicios, por ejemplo; cuidar la salud mental, retirarse de personas ruidosas, evitando lo obvio; cuidar el tiempo y vivirlo, habitar el espacio de modo ordenado; cuidar la vida espiritual puestos en relación con lo creado: Dios en todo.

Otra clave está en identificar al prójimo. Estas son las personas que de ordinario está en nuestra vida. No son las personas que aparecen de modo fortuito. Quizá en algunos casos podrían ser, pero sólo de modo extraordinario. Más bien, el prójimo es de quien “nos hacemos cargo”, por ser el punto de llegada de todo amor. Es el “encargarse de ellos”. Por lo mismo es la carga ligera de la que habla Jesús cuando invita a que nos aproximemos a él. El prójimo es la cruz que abrazamos. Esa cruz sostenida por el pilar principal del amor, que extiende sus manos para acoger todo horizonte infinito. Es la mirada alzada por encima de todo lo visible e invisible para extender la ternura más allá de sí mismos. El prójimo es el ahí del amor. A quien puedo amor "desde mi amor de propio" (el sí mismo del amor).

Por último, entendernos como creados. Decimos que somos “criaturas” y como tales, no nos debemos a nosotros mismos, sino a un creador: Aquel que nos creó, nos hizo según “su modo”. Nos hizo a su gusto. Con lo cual participamos de su condición y diseño. Por eso hacemos cosas como si fuéramos "dioses" (con minúscula). Interpretamos las leyes de la vida, y nos guiamos por ellas. Amamos. Cuidamos. En consecuencia, somos criaturas habitantes de un mundo que conecta con otro mayor, dinamizado por un creador y formador. El eterno.

miércoles, 4 de febrero de 2026