Viendo "Posts antiguos"

UNA CHISPA DE GLORIA

 



UNA CHISPA DE GLORIA


Por Gvillermo Delgado OP


Si nos colocamos debajo el cielo estrellado, sentiremos lo grandioso del firmamento y nuestra pequeñez sobre la tierra.


Surge la poesía y la oración de alabanza de nuestros labios. Y el reconocimiento de quién es Dios y qué es lo humano.


Entonces hablamos de sabiduría.


Es de sabios saber vivir. La sabiduría no es un producto que adquirimos al gusto. La sabiduría es un regalo que Otro decide darnos, según su parecer.


Cuando ese parecer viene de Dios, lo que recibimos son capacidades extraordinarias. Porque nos dio su sabiduría. Nos hizo un poquito inferiores a él (Salmo 8). Desde entonces, como seres divinizados, existe en nosotros una chispa de gloria.


Hemos oído decir que la sabiduría estaba con Dios al crear la vida y todas las cosas. Y que esa misma sabiduría se nos dio a nosotros, para que, como él, también tengamos capacidades propias, por ejemplo, para crear. Sólo desde ahí vemos al científico, al constructor, al filósofo y al poeta.


Él nos dio el mando sobre las obras de sus manos y todo lo puso bajo nuestros pies. Con el fin de perfeccionar su misma obra.


Haciendo uso de las manos y nuestros pensamientos, surcamos el cielo con aviones, transformamos las piedras en inmensas murallas, el agua en luz; producimos dulces frutos de la tierra; entre las personas construimos la amistad y hacemos posible todo lo imaginable.


Colocados entre el cielo y la tierra, creamos, producimos, y nos perfeccionamos en lo que hacemos. 


Esa es la chispa de gloria que llevamos impresa en el alma.

miércoles, 20 de mayo de 2026

MI DIGNIDAD

 

 


Mi Dignidad

 

Por: Gvillermo Delgado OP

 

La “condición natural de la persona humana” explica nuestro pasado remoto, la profundidad de lo que el alma contiene y “la materia” de lo que está hecha.


Estamos de acuerdo con que somos “homo sapiens” (humanos inteligentes) y que eso, satisface, en parte, la curiosidad acerca de nuestros orígenes. Ya que, no somos un invento de ayer, venimos de largos y perdidos caminos por donde hemos avanzado por miles y miles de años. Hemos gastado millones y millones de segundos en oscuras noches y brillantes amaneceres. Para asomarnos un día, con una imagen divina, que ahora nos define. Con orgullo afirmamos que “somos” personas que ríen, lloran y sueñan con seguir avanzando y dejando huellas mirando hacia adelante.


Conscientes de todo eso, como resucitados, resurgimos en cada paso, desde la nada a ser alguien. Lo hacemos sin a veces saberlo, dada la profundidad de la dignidad: por tener una imagen semejante a un Dios que nos formó de acuerdo con su propio modelo.


Esa es la materia moldeable con la que redefinimos continuamente “la condición humana” delante de los demás. Dialogamos con quienes se descubren felices al lado nuestro, al modo del mismo Dios que quiso de cada uno, al crearle, tener a alguien con quien hablar y a quien amar.


Como humanos sabios, que somos, miramos erguidos con la frente en alto. No por encima de nadie, sino desde una misma altura. De lo contrario es imposible la comprensión de la semejanza de nuestro diseño. Con lo cual, hemos dicho que la irracionalidad y el sin-sentido ya no es una opción, porque hemos hecho valer una dignidad reconocida por unos y otros como fruto de un largo, largo, camino.


Con justicia la Iglesia del Señor, quiso modelar la dignidad del trabajo en un humilde carpintero. Para que no tendamos a la derrota moral quiso regalarnos la ternura de la siempre-virgen, Madre de su hijo. Y para que no nos perdamos en la dirección del camino frente a un gran horizonte que se nos presenta delante de sí, quiso dejarnos muchos ángeles para trillar todo obstáculo.

viernes, 1 de mayo de 2026