Las hojas de los liquidámbares se estremecen
nerviosas por el abrazo de los bejucos en su tallo.
Las oropéndulas van gritándose una a otra
mientras se persiguen
hasta alcanzarse en los guarumos.
Los clarineros juegan sin disimulo
para atraer a sus hembras.
Por su parte, en otro árbol, los chíllos posan en el ápice de las ramas vigilando las distancias.
Después de todo, los pájaros llaman a sus hembras desde sus nidos. Y la luna invisible entre lo espeso del verano espía a la montaña en el otro extremo de la noche.
- Se acerca nuestra fiesta,
nuestra fiesta de luna llena.
- Salgamos.
- Vámonos para la Ermita.
- Ponte el chal de la tardecita.
- Allá, a la distancia de otro día, los niños vienen cortando las flores y persiguiendo mariposas.
De un lado a otro los conacastes
bromean contentos,
mientras se pasan de mano en mano
el perfume del viento visible
en sus pequeños dedos dorados.
- A esta hora seguimos el rumbo
que nos trajo la mañana.
Mientras tanto, las mariposas duermen,
y brillan las luciérnagas
al compás del túngere, túnguere de las ranas.
Y la niña tomada de la mano de su Madre pregunta: ¿para dónde vamos Mami?
Cuando en el silencio de la noche los grillos tocan sus chinchines.
nerviosas por el abrazo de los bejucos en su tallo.
Las oropéndulas van gritándose una a otra
mientras se persiguen
hasta alcanzarse en los guarumos.
Los clarineros juegan sin disimulo
para atraer a sus hembras.
Por su parte, en otro árbol, los chíllos posan en el ápice de las ramas vigilando las distancias.
Después de todo, los pájaros llaman a sus hembras desde sus nidos. Y la luna invisible entre lo espeso del verano espía a la montaña en el otro extremo de la noche.
- Se acerca nuestra fiesta,
nuestra fiesta de luna llena.
- Salgamos.
- Vámonos para la Ermita.
- Ponte el chal de la tardecita.
- Allá, a la distancia de otro día, los niños vienen cortando las flores y persiguiendo mariposas.
De un lado a otro los conacastes
bromean contentos,
mientras se pasan de mano en mano
el perfume del viento visible
en sus pequeños dedos dorados.
- A esta hora seguimos el rumbo
que nos trajo la mañana.
Mientras tanto, las mariposas duermen,
y brillan las luciérnagas
al compás del túngere, túnguere de las ranas.
Y la niña tomada de la mano de su Madre pregunta: ¿para dónde vamos Mami?
Cuando en el silencio de la noche los grillos tocan sus chinchines.
Por: fr. Gvillermmo Delgado OP
Fotos: jgda
Que rico una luna llena en un paraiso asi. Ojala que cuidemos de tanta diversidad vegetal y animal y que por nuestro bien vivamos en equibrio con la naturaleza.
ResponderEliminarLeonel